Red Deporte para el Cambio Social
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El fútbol femenino como espacio de conquista de derechos
07 de abril de 2015
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El deporte en general, y el fútbol en particular, resultan ejemplos válidos para analizar la inequidad de género arraigada en las prácticas más cotidianas y difundidas, permiten entrever cómo, tempranamente, a mujeres y varones les están reservados lugares dispares, pre delimitados por pautas culturales estereotipadas.

En la cultura Argentina desde la infancia es habitual que se estimule en los varones el deporte en general, y el fútbol en particular; inicialmente se la trata como una actividad recreativa, un juego donde el niño incorpora valiosos elementos para su desarrollo psico-social.

En primer lugar, se trata de una actividad necesariamente grupal, rasgo que favorece la internalización de vínculos, la comprensión de la relación social, la incorporación de valores tales como la solidaridad y el compañerismo; se trata de un aprendizaje temprano de tolerancia a la frustración y a las dificultades inexorables, siempre implicadas al integrar un colectivo, y el ensayo de modos de resolución de las mismas.

A su vez la experiencia deportiva estimula en ellos el empleo del cuerpo y sus vastas posibilidades de movimiento como fuente de experiencias placenteras, los incentiva a atribuirle una serie de aptitudes a ese cuerpo.

Por último, al integrarlos a una de las actividades más profundamente arraigadas en nuestras costumbres, se les ofrece desde el espacio cultural – social un importante referente identificatorio, constitutivo de la identidad, del “ser argentino”, de un modo atractivo y protagónico.

Si la cultura ofrece experiencias y espacios destinados a la recreación y el aprendizaje, el acceso a los mismos debería estar garantizado para todos sus integrantes. Muy por el contrario, en muchísimos ámbitos todavía –en pleno siglo XXI- parece insólito pensar a una niña llevando a cabo estas prácticas, integrando estos espacios. El deporte en general, y el fútbol en particular, resultan ejemplos válidos para analizar la inequidad de género arraigada en las prácticas más cotidianas y difundidas, permiten entrever cómo, tempranamente, a mujeres y varones les están reservados lugares dispares, pre delimitados por pautas culturales estereotipadas.

El fútbol femenino está aislado como fenómeno social, no está contemplado aún como posibilidad de expresión válida para las mujeres. Tempranamente y, en este caso, por omisión –factor que contribuye a la invisibilidad-, se desalienta la participación y se alienta el vuelco a lo privado doméstico como espacio de pertenencia.

El fútbol, como la disciplina deportiva más arraigada en nuestra cultura, debe ser integrado como actividad pensable para mujeres. No se trata de copiar los parámetros del fútbol masculino. Es necesaria la promoción de espacios y recursos con el objeto de propiciar en las mujeres la construcción de una identidad característica para el fútbol femenino, la elaboración de una imagen y un lenguaje propios que permita a las futbolistas verse a sí mismas como deportistas.

 

*Dos ejemplos

Este enorme desafío de revertir patrones culturales inequitativos (fuertemente arraigados) a través de la promoción del deporte y del fútbol femenino en particular viene ganando espacios desde hace años en la Argentina con un crecimiento lento pero constante e irreversible. Para graficar este arduo trabajo de “conquistas” vale la pena mostrar dos ejemplos muy disímiles en los contextos y muy parecidos en los desafíos y los obstáculos que se les interponen. Ambas organizaciones son miembros fundadores de nuestra Red de deporte para el Cambio Social.

Desde finales de 2007 la organización “La Nuestra” lleva adelante la disciplina fútbol femenino en la Villa 31 de Retiro, CABA, produciendo protagonismo e impacto en la comunidad a través de logros fundamentales: el espacio ganado en la cancha comunitaria de la Villa para el fútbol femenino (un territorio literalmente conquistado a fuerza de imponerse) y horarios específicos de entrenamientos para mujeres. Quien conozca esta experiencia, el proyecto, la gente que trabaja, las chicas que juegan, sabrá que tiene un valor metafórico fuertísimo. El fútbol femenino cobró visibilidad en el lugar a partir del armado de campeonatos por parte de las mismas chicas; y el deporte y la organización de las actividades lograron la consolidación de un espacio grupal en el cual las jugadoras expresan y aprenden nuevas formas de resolución de conflictos, se establece identidad y pertenencia… así se formalizó el nombre del equipo: Las Aliadas de la 31. Y es en ese espacio donde se canalizan las diferentes problemáticas que viven desde su condición de mujeres jóvenes en situación de exclusión social. Más de 100 chicas han pasado por la actividad durante estos 4 años, haciéndose dueñas del juego, de ese rato de cancha y de disfrutar al máximo del deporte que más les gusta.

A 500 km. de ese lugar hay un pueblito de algo más de 10.000 habitantes llamado General La Madrid. En esa Comunidad existe un Club muy especial, el Deportivo Barracas: es gratuito en sus actividades y no para de crecer gracias al trabajo de todos (los propios jóvenes, sus padres y madres, los simpatizantes, los vecinos). Ya en el 2005 entendió que había que asegurar el acceso al deporte tanto a varones como para mujeres, y comenzó –como tantas otras entidades- con la práctica del hockey sobre césped. Luego se propuso, como lineamiento, obligarse a que la matrícula de niños y jóvenes que concurran a la entidad (que hoy son 350) estuviera balanceada en cantidad de varones y mujeres, agregando entonces desde hace 5 años fútbol femenino y una escuelita de fútbol y hockey que une varones con mujeres en un primer momento. A partir de ahí han sido infinidad de gestiones para intentar darle a las chicas las mismas posibilidades que gozan –desde hace medio siglo- los niños del pueblo: competencias periódicas, otros equipos con quienes jugar. Los clubes de barrio y de pueblo (que los hay por miles a lo largo y ancho de Argentina) recién en estos últimos años están haciendo lugar a las mujeres en los deportes grupales, faltando todavía mucha organización para pensar que niños y niñas están en un pie de igualdad a la hora de jugar y practicar deportes. El Deportivo Barracas, después de proponer, participar y sugerir , formó parte este año del lanzamiento de un Torneo de fútbol femenino organizado por la Liga Olavarriense de Fútbol (afiliada a AFA), Ciudad que está a 120 kilómetros de distancia, y a la que deberá viajar cinco de las seis fechas propuestas para el primer semestre. Es todo un desafío económico para la Entidad, pero es un hito que empieza a dar un pie de igualdad, rompiendo ciertas lógicas anquilosas y permitiendo -a partir de ahora- que más Clubes de la región comiencen a plantearse si tienen políticas que apuntan a la igualdad o a reforzar estereotipos que ya deberían considerarse arcaicos.

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