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Logró superar con el hockey un pasado de abusos y ahora ayuda a otras chicas
29 de septiembre de 2017
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En la ONG "El Puente Posible" pudo abrirse y compartir sus momentos más difíciles.

Al principio no decía nada. Se callaba, escuchaba y se aferraba a su secreto mejor guardado. Hacía siete años que lo cargaba, que apenas lo compartía con una amiga y que no quería -no podía- decirlo en público. Todo cambió cuando tenía 16: recién entonces pudo verbalizar abiertamente, sin reparos, los abusos sexuales a los que su padrastro la había sometido entre los nueve y los once. Aquel grupo del club, que se juntaba para jugar al hockey gracias a la ONG El Puente Posible, resultó el espacio de contención que Fátima necesitaba.

Fátima había dejado su casa a los once, luego de dos años tortuosos. Fue adoptada por los padres de Florencia, su mejor amiga y confidente sobre el infierno que vivía en su hogar. A sus “papás del corazón” también les había comentado y ellos decidieron realizar los trámites legales para poder tenerla cerca, a salvo. “Se habían encariñado mucho conmigo”, cuenta Fátima, quien ahora tiene 20 años y residió toda su vida en Lomas de Zamora.

Atrás había quedado un lazo roto no solo con su madre, sino con sus hermanos, por entonces de seis años y de algunos meses. Luego se sumó una tercera, a quien Fátima no conoció hasta los 16 años, cuando volvió a reencontrarse con sus hermanos.

Mientras tanto, la ayuda de su nueva familia y la de la psicóloga la ayudó a salir adelante. Pero la herida recién comenzaría a cerrarse años más tarde, de la mano de las bochas y los palos de hockey. Fátima tenía 13 años cuando viajaba en colectivo cerca de la zona de La Salada. Unas chicas, a lo lejos, practicaban hockey, se pasaban la pelota, y eso llamó su atención. Reconocía el deporte que, alguna vez, había visto por televisión.

Los talleres que le cambiaron la vida
Para El Puente Posible, ofrecer la práctica de hockey gratuita a las mujeres es apenas el inicio del cambio social. A eso le siguen distintos talleres, que van desde actividades lúdicas para los más chicos a educación sexual y orientación vocacional para los más grandes. Fue en estos espacios en los que Fátima se liberó.

“En un taller me animé y hablé. Nadie sabía, cuando se enteraron me ayudaron, me hablaban un montón”, recuerda Fátima.

“Gracias a la ONG aprendí a compartir. No sé si hubiese sido tan abierta de no haber sido por su trabajo. Yo era mala, no quería que se me acerquen, pensaba que todos eran malos”, recuerda Fátima.

También en los talleres comenzó a descubrir su vocación: conoció el rol del trabajador social y tuvo la oportunidad de colaborar en los talleres, tal como ya lo hacía para dar entrenamientos.

“La ONG siempre nos instó a luchar para cambiar nuestras vidas para bien. Y en el taller nos destacaban la importancia de terminar el colegio, de la educación”, remarca Fátima. Algo no menor en un contexto en el cual la deserción escolar, luego de repetir un año o quedar embarazada, es moneda corriente.

Cómo ayudar

La ONG busca fondos para materiales, becas y meriendas para las niñas. También se reciben donaciones de equipamiento usado.

Se pueden realizar donaciones a través del sitio www.elpuenteposible.org.ar o escribir a comunicacion@elpuenteposible.org.ar.

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