Red Deporte para el Cambio Social
novedades
La historia de Lucas, de Botines Solidarios, y su vida con Villa 31 Rugby y Hockey Club
24 de agosto de 2017
1 de 1
El Villa 31 Rugby y Hockey Club tiene nueve años y una historia de ayuda mediante el deporte.

La primera vez que Lucas Morales se encontró con una pelota de rugby estaba lejos de imaginar cuánto cambiaría su vida y la de sus vecinos. El joven que nació, se crió y vive en la Villa 31 tenía por entonces 17 años y apenas si había escuchado algo sobre Los Pumas.

Ahora, con 25, Morales lidera el Villa 31 Rugby y Hockey Club, una entidad que de la mano del deporte logró establecer lazos de unión antes impensados en el asentamiento porteño.

Lucas conoció el rugby cuando un grupo de voluntarios de Coronel Suárez, liderados por el médico Martín Dotras, comenzó a realizar entrenamientos una vez a la semana en 2008. Este grupo, más tarde, mutó en el club del cual él y otros jóvenes tomaron las riendas. Hoy, además de cofundador, es vicepresidente del mismo.

Su contacto con el rugby llegó en un momento que considera oportuno: el día anterior había presenciado cómo compañeros de su equipo de fútbol se pelearon, a los golpes, en pleno partido. Por el contrario, cuenta que el respeto, la solidaridad y el compañerismo comenzaron a aflorar rápidamente en estos entrenamientos semanales de rugby.

Aunque lejos de idealizar este deporte, Morales dice que, en su barrio, ayudó a aislar a los chicos "de un entorno de violencia, droga, discriminación y alcohol". Y quiso hacer extensivo eso.

El Villa 31 Rugby y Hockey Club cumplirá nueve años en 2017, aunque recién ahora espera conseguir su personería jurídica. Según cuenta Lucas, “generó un antes y un después en la vida de la comunidad”.

El joven explica que “uno de los grandes cambios es que quebró barreras territoriales; barrios que estaban en constante conflictos por tonterías, acercó a gente que no se podía cruzar, porque si se cruzaba se robaban o se hacían daño, o terminaban matando”.

Según su visión “muchos pibes no conocían el barrio”. Pero “el deporte, el club en sí, generó que estos personajes que estaban en conflicto compartieran tiempo y espacio y se vincularan a través de este deporte”. Hoy son unos 200 socios, de entre 7 y 28 años, los que cuentan con la posibilidad de practicar rugby, hockey y crossfit en la Villa 31.

Lucas mismo atestiguó esto en su experiencia: habla de un amigo, cuyo nombre prefiere preservar, a quien se acercó gracias al deporte. Y cuya vida cambió gracias a la pelota ovalada: "Estaba en permanente conflicto con las personas, con la Policía. Estuvo preso, consumía drogas. Pero logró salir gracias a la contención encontrada en el club. Y decidió aprovechar ese pasado para influenciar a otros chicos”. Lucas dice que a lo largo de estos años fueron varias las personas que eligieron “el deporte a la droga”.

En busca de expandir estas vivencias, otro de los objetivos inmediatos del club, además de obtener la personería jurídica, es el de conseguir un predio propio.

Por ahora, los entrenamientos se hacen en la Cancha YPF y en Cancha 9. Pero con un espacio físico particular, los sueños de ayudar en otras formas (apoyo escolar, atención médica, enseñar oficios) podrían materializarse.

El rol de Botines Solidarios

Tres años después de comenzar a jugar al rugby, Lucas estuvo cerca de desvincularse del mismo. La búsqueda desesperada de trabajo lo había obligado a enfocarse únicamente en encontrar la salida laboral. La misma, curiosamente, llegó de la mano del rugby. Por entonces, ya había participado en los programas de la agrupación Botines Solidarios, que usa el rugby como instrumento de cambio social. Y sus entrenadores propusieron a Lucas comenzar como ayudante.

“Me animé, a pesar de que consideraba que no tenía la experiencia necesaria. Pero a los dos meses ya estaba dirigiendo entrenamientos”, cuenta.

Luego llegó la capacitación formal, con cursos de entrenador de la URBA y de referato. “Descubrí una vocación”, dice sobre lo que surgió como un trabajo pero que ahora no parece tal. “Lo disfruto a pleno”.

Hoy, coordina los programas Libertad, Rugby y Valores y Rugby Social Argentino. En el primero, no solo planifica los pasos a seguir a corto, mediano y largo plazo como en el segundo, sino que además es profesor activo en los institutos de Menores San Martín y Belgrano, en la cárcel de menores Dr. Luis Agote y en la Unidad 19 de Ezeiza.

“Lo hago porque quiero marcar un antes y después en la historia de otras comunidades y generando oportunidades que a muchos les faltan”, asegura. Dice que a él, también, le hubieran faltado de no haber sido por el deporte.

“Se busca que los chicos puedan ser profesores o se vinculen con otras organizaciones”, explica sobre una tarea que trasciende los entrenamientos. Y que hace foco, especialmente, en crear identidad y un espacio de contención para chicos que, en muchos casos, carecen de afecto en sus entornos.

Fuente: Clarín

CERRAR