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Movida global: Fútbol en contextos rurales para unir
31 de octubre de 2016
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Las escuelas rurales de más de 50 países este fin de semana se unieron bajo la consigna de jugar al fútbol en el 8 Encuentro Global de Futbol Comunitario, un deporte universal que permite que alumnos de todo el mundo puedan jugar y celebrar el fin de un trabajo que mejorará su calidad de vida. El fútbol fue la excusa para festejar la finalización de una labor comunitaria, la realización de un camino para que pase una ambulancia o la creación de una huerta comunitaria.

Desde el año 2009 más de 600 escuelas de todo el mundo se unen en un partido de fútbol para celebrar la finalización de un proyecto en el que intervienen padres, docentes y alumnos de escuelas rurales. 

La idea fue creada por la Red de Comunidades Rurales, que es una organización social integrada por un equipo de profesionales y cientos de colaboradores y voluntarios argentinos y de otros países del mundo, que tiene como misión articular esfuerzos y movilizar recursos para acompañar el desarrollo de los pobladores rurales en situación de riesgo o exclusión social.

El concepto que se persigue es que cada escuela reúna la comunidad educativa y planteé un objetivo: hacer una biblioteca, una huerta, arreglar un camino, etc. Para esto, trabajan todo el año y se ponen como fecha final el último viernes de octubre para dar por concluido el trabajo comunitario, que es premiado con la realización de un partido de fútbol. La acción se repite en varias partes del mundo en simultáneo.

"El partido es la excusa y como el fútbol es un lenguaje universal pudimos llegar a los cinco continentes", comenta a la prensa Patricio Sutton, titular de Red Comunidades Rurales. Entre los países que participaron este año fueron Malasia, Angola, Kenia, México, Arabia Saudita, India, Portugal, Polonia, Honduras y Chile, entre un grupo de más de 50 que dieron por concluida sus respestivas ideas que mejorarán la calidad de vida de toda una comunidad. Una de las escuelas que participó del Encuentro fue la que funciona en la Base Marambio, en la Antártida.

"Desde la mañana estamos trabajando en un cerco perimetral de la escuela para evitar que los chicos se acerquen a la ruta; también pintamos los juegos, arreglamos la tranquera y armamos canteros para cultivar frutos de estación", relata con entusiasmo Claudia Costilla, maestra de la Escuela Rural N°11 "Pioneros Fueguinos", situada en el confín del mundo, en la Estancia Sara, es la isla de Tierra de Fuego.

El viernes para ellos las actividades comenzaron bien temprano, y aunque el frío golpeó duro, toda la comunidad educativa se pusieron manos a la obra. "Los chicos están preparándose para el partido que todos los años lo hacemos como cierre del encuentro" La escuela está dentro de una Estancia a 55 kilómetros de Río Grande. La soledad allí es absoluta, por eso el encuentro de futbol se redimensiona. Es lo más importante que pasará este año.

"Para los chicos y los maestros somos el único contacto por fuera de su comunidad que ven en el día. El afecto y respeto que nos tienen es muy grande y nosotros a ellos. En estos lugares el trato uno a uno genera otros vínculos", describe la maestra. En el caso de este escuela, el trabajo que se propusieron es el de hacer una huerta para ayudar a tener una mejor alimentación, para los niños y sus familias.

"Muchas familias no pueden ir hasta la ciudad y entonces sólo pueden comer lo que les da el patrón, carnes e hidratos de carbono. Nosotros queremos fomentar una mejor alimentación con más frutas y verduras y para eso queremos que cada chico aprenda cómo hacerlo y lo pueda reproducir en su casa", describió.

En los pequeños pueblos, la escuela es una institución que trasciende el hecho educativo, es el eje social, muchas veces el único espacio en donde padres, hijos y docentes, es decir, toda una comunidad que vive alejada entre sí, se une. "La construcción de una comunidad educativa, es decir, la integración de la familia a la escuela genera un potencial enorme no sólo para el aprendizaje del chico, sino para todo el pueblo", resume  Sutton de Red de Comunidades Rurales.

 "Veíamos que existía una problemática que es que los padres y madres no se acercaban a las escuelas, y esto pasa en la ciudad pero también en el campo, porque trabajan todo el día. Por otra parte, cada vez que íbamos a una escuela veíamos cómo niñas y niños jugaban a la pelota en los recreos. Un día hablando con la directora de una escuela en la Selva Acambuco, en Salta, le preguntamos cuándo venían los padres, y nos respondió que para los actos y para cuando se armaban alguna competencia con otras escuelas, entonces se nos ocurrió proponer un partido de fútbol para celebrar algún proyecto que la comunidad proponga".

La idea de Sutton pronto se viralizó, y por ejemplo el año pasado en Angola una comunidad rural celebró el desarme de las orugas de los tanques que fueron usados para una guerra civil y ahora los usan para arar la tierra. En Salta, en el Paraje El Rosal, el Encuentro de Fútbol Comunitario sirvió para festejar la realización de un camino para que puedan entrar ambulancias al paraje.

“El objetivo de estas acciones es despertar la inteligencia comunitaria. Que cada poblado conozca la capacidad de autogestión que tiene si todos trabajan por un mismo fin. Ese es un camino que una vez que una comunidad emprende no tiene vuelta atrás", resalta Sutton. La solidaridad y el trabajo comunitario son los pilares para el progreso en los pequeños pueblos.

 

Fuente: http://elfederal.com.ar/

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